Ciudad de México. México nunca había estado tan conectado. En 2025, 86.1% de la población de seis años o más utilizó internet y 78.3% de los hogares contaba con conexión, de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) del INEGI.
Los datos muestran una transformación acelerada: hace una década, el acceso a internet en los hogares era poco más de la mitad del registrado actualmente. Hoy, la conectividad forma parte de la vida cotidiana para millones de personas, desde el trabajo y la educación hasta los servicios financieros y los trámites gubernamentales.
Pero esa historia tiene otra cara.
Dos Méxicos conectados
Aunque el promedio nacional refleja un avance importante, la conectividad sigue dependiendo del lugar donde se vive.
Mientras la Ciudad de México alcanzó 90.5% de hogares con acceso a internet, Chiapas registró 53.9%, una diferencia de más de 36 puntos porcentuales.
La brecha revela que el acceso a la tecnología continúa marcado por factores como la infraestructura disponible, el nivel de ingresos y las condiciones geográficas de cada entidad.
Conectarse ya no es un lujo
Hace algunos años, tener internet en casa era un servicio complementario. Hoy, para millones de personas, significa poder estudiar, trabajar, vender productos, hacer transferencias bancarias, solicitar citas médicas o realizar trámites públicos.
Por eso, las diferencias en conectividad ya no sólo representan una brecha tecnológica, sino también una diferencia en las oportunidades de desarrollo.
Quien no tiene acceso a internet enfrenta mayores dificultades para participar en una economía y una sociedad cada vez más digitalizadas.
La desigualdad también viaja por la red
La ENDUTIH muestra que México avanza hacia una mayor digitalización, pero también evidencia que ese avance no ocurre al mismo ritmo en todo el país.
Las entidades con mayor infraestructura y desarrollo económico mantienen los niveles más altos de conectividad, mientras que los estados con mayores rezagos sociales continúan registrando menores niveles de acceso.
Esto significa que, aunque el porcentaje nacional mejora cada año, la experiencia de vivir conectado sigue siendo muy distinta según la región.
El siguiente reto
La discusión ya no es únicamente cuántas personas tienen acceso a internet, sino qué tan útil, estable y accesible es esa conexión.
En los próximos años, el desafío para las políticas públicas no será sólo ampliar la cobertura, sino reducir las diferencias territoriales y garantizar que la conectividad pueda convertirse en una herramienta de educación, productividad y acceso a servicios para toda la población.
Porque detrás del dato de un país donde ocho de cada diez hogares ya tienen internet, todavía conviven dos realidades: una que navega a toda velocidad y otra que sigue esperando la señal.
