A unos días del arranque de la Copa del Mundo 2026, el ambiente en las ciudades sede está lejos de ser uniforme.
Mientras hoteles, restaurantes y negocios se preparan para recibir visitantes, también han comenzado a surgir cuestionamientos sobre los efectos que un evento de esta magnitud puede tener en la vida cotidiana de quienes habitan estas ciudades.
En la Ciudad de México, colectivos y vecinos han expresado preocupación por el aumento de rentas, el encarecimiento de algunos servicios y los efectos que el torneo podría tener en zonas donde la presión inmobiliaria ya era un tema de discusión antes de que comenzara la cuenta regresiva mundialista.
Las autoridades han insistido en que el Mundial representa una oportunidad para impulsar el turismo, atraer inversión y proyectar una imagen positiva del país ante millones de visitantes. Para muchos comerciantes y prestadores de servicios, la expectativa también está puesta en una derrama económica que podría beneficiar distintos sectores.
Sin embargo, no todas las conversaciones giran alrededor de los beneficios esperados.
Las protestas registradas en semanas recientes muestran que parte del debate se ha trasladado a preguntas sobre quiénes recibirán las ventajas del evento y quiénes podrían enfrentar sus costos.
La discusión no es exclusiva de México. En distintas ciudades que han albergado eventos deportivos internacionales han surgido cuestionamientos similares relacionados con vivienda, espacio público, movilidad y uso de recursos públicos.
A pocos días del silbatazo inicial, el Mundial ya provoca emociones distintas según el lugar desde donde se mire. Para algunos representa una oportunidad económica y un momento de celebración. Para otros, una razón para observar con mayor atención cómo cambiará la ciudad durante los próximos meses.
El torneo aún no comienza.
La conversación sobre sus efectos ya está en marcha.
